Sida periodístico

Como el auto del juez sobre lo de Camps tiene 67 farragosas páginas y usted además no lo tiene a mano en este momento y, además, está de vacaciones, o vaguete porque es agosto, espera de mí que, como periodista, se las resuma un pelín. Pues aquí va. El auto dice textualmente que “Los cuatro trajes fueron entregados en su momento al Sr. Camps Ortiz”. ¿Está claro? Literal. Exacto. Impecable. Agua. Admito, eso sí, que por que por cuestión de espacio me dejo fuera lo de que “…como no le venían bien, pasado el verano de ese mismo año fueron devueltos” que también viene en la sentencia pero claro, entiéndanlo, es mi labor resumirles. Ejerciendo de periodista, el director del ABC preguntó aquel famoso día “Señor Camps ¿se paga usted los trajes?” Con la obvia respuesta de “claro que me pago mis trajes.” Pero ustedes no se fían, y esperan de mí que les diga la verdad, que les diga lo que pone en el auto y no lo que dice Camps… y yo les digo que en el auto el sastre lo deja claritito “él no me ha pagado”. ¿Lo entienden? Agua. Diáfano. Cierto es, cierto, que la frase completa que consta en el auto es “Las dos veces esas que estuvo pagó él”. Esas pagó él. La única vez que él no me ha pagado…” Pero el auto, ya lo dije, tiene 67 páginas y yo sólo una columna y mi obligación es resumirles, y lo hago. El periodista, yo, resume siempre, y al resumir no miente sino cambia ni una coma de lo que cita. Lo cual no quiere decir que diga la verdad. Ojo. Cuando esa verdad, los hechos en su totalidad, están amparados por un secreto del sumario, el periodista tiene la obligación de extremar la “ponderación” del conjunto de la información a la que accede ya que una información parcial sobre una fuente legalmente apartada del conocimiento público, puede pervertir la función periodística y convertirse en desinformación o, lo que es peor, en manipulación… La técnica es vieja y no es propia del periodismo, sino de otra actividad bien distinta: la propaganda. La propaganda en sí no es mala, tenemos nuestras defensas, pero cuando penetra un medio informativo, se convierte en un SIDA mortal, porque la sociedad está indefensa ante un Síndrome de Inmunodeficiencia que se Adquiere a al leer como información lo que es propaganda. Es el periodismo patógeno, corrupción peligrosa donde las haya… y ya se lo he dicho muchas veces, no se fíen de mí.